POSTAL 6
Fuego, ¡quémalo todo!
Si prefieres, puedo contártela con mi voz <3
Un fuego eterno yace dentro de mí. A veces es solamente una llama temerosa aguardando, una llama que suplica ser avivada para no extinguirse, para no apagarse. Esa llama conoce de vida, de creación. Esa llama busca inspiración. Se divierte con la creatividad y el gozo es su mejor brújula. Esa llama es mi más fiel indicador y jamás he podido engañarla. Cuando me condeno a mí misma a las jaulas ajenas, la condeno a ella también. Pierde tal poder de ignición, que la oscuridad empieza a hacerse más presente, a ganar terreno. Como fuego, es vital, es materia creadora. Y como fuego, también me da miedo su poder y de lo que es capaz. Me da miedo no poder controlarlo, pero también me pregunto ¿realmente es necesario controlarlo? ¿realmente puedo controlarlo? Hoy pienso que debemos volvernos aliados, planear juntos. Porque cuando no lo tomo en cuenta, cuando lo acallo con las olas de duda y la bruma del tedio y la rutina, empieza a inconformarse. Cuando no lo escucho me incomoda. No me incomoda él porque en realidad, cada vez se vuelve una llama más débil. Más bien me incomoda algo adentro en general. Me incomoda su ausencia, me incomoda el frío y la oscuridad de su ausencia. Cuando se emociona e inspira, también me incomoda de otro modo. Cobra mucha fuerza y me dan miedo los estragos de su euforia; ansío controlarlo para que no arrase con todo lo conocido. Cuando se emociona y se aviva, me da miedo que queme todo y me deje sin nada. Por eso lo aquieto. Pero, ¿y si así fuera?, si quemara todo ¿qué puede pasar? Hoy pienso que durante mucho tiempo, él y yo hemos estado en el lado de la llama sutil, y ahora me grita que lo avive. Busca leña todo el tiempo, y la encuentra. Leña que aviva su creatividad, su anhelo de algo más, que abre el cajón de los sueños que tenía con llave. Esa leña le cuenta al oído secretos y posibilidades, le recuerda su naturaleza poderosa de fuego, le recuerda que si se enciende lo suficiente no hay quien lo apague. Esa leña despierta su hambre, despierta su curiosidad, su sed y quiere más.
Últimamente ese fuego mío encuentra la manera de convertir en leña todo lo que mis sentidos experimentan, todo lo que mis ojos ven, mis oídos escuchan y mi corazón siente.
Todo lo convierte en leña porque está hambriento, porque se acaba de dar cuenta de su naturaleza potente de fuego y de cuánto tiempo vivió limitándose a ser una llama a punto de extinguirse. Quiere recuperar el tiempo perdido y también siente recelo por no haber notado antes su poder. Y en esta hambre suya, en este poder desatado, me lanza avalanchas de emociones, de preguntas, de dudas, de ganas. Me emociona igual que él, pero la cabeza no piensa igual. El corazón se deja llevar y, tan noble como siempre, nos echa porras y nos inunda de su amor. La cabeza lleva rato peleando con nosotros. Pero creo que este fuego está por ganar la batalla, creo que estamos domando a la cabeza. Creo que logramos convencerla del plan de escape y logramos hacerle ver nuestra naturaleza. Este fuego desesperado que todo lo convierte en leña, me asusta, me da miedo que tome mis tesoros más preciados y los use como leña para su transformación. Me da miedo, pero creo que ya llegó la rendición. Creo que si se encuentra los tesoros, o más bien, creo que CUANDO se encuentre los tesoros, lo dejaré quemarlos si es necesario para que siga su instinto, su hambre, para que pueda sobrevivir y crear. Lo único que le pediré será que juntos creemos más tesoros. Fuego: ¡Quema todo! ¡ Vuélvelo leña! Hazlo de una vez, antes de que me arrepienta. - Mafer Campos


